Los límites del amor

Se nos ha vendido la idea del amor romántico, en el cual tenemos que complacer a la otra persona, callar lo que nos disgusta para mantener armonía en la relación. Lo que se sale de ahí, se consideraba egoísmo. Poner límites era de locas, de mujeres que no aguantaban nada y se quejaban por todo.

Lo que olvidaron contarnos es que amar significa entregar al otro lo mejor de mí misma, y eso es mi autenticidad, mi esencia, compartiendo mis sueños y deseos, sin disfrazarlos y sin ponerme máscaras para encajar en las expectativas de la otra persona.

Y para poder entregar mi versión más honesta, debo amarme por encima de todo. Mi felicidad no puede depender de lo que otra persona valore de mí, de su opinión, de las limitaciones que me ponga. Porque al final, esas limitaciones me las estoy poniendo yo solita. Y encima evito esa responsabilidad culpando a alguien externo a mí.

Dicho esto, ¿es posible amar de verdad a otra persona? Sí, desde el amor y la aceptación hacia ti misma puedes amar de forma sana, poniendo límites para salvaguardar tu dignidad y aceptando los límites que te pongan a ti.

Cuando sentimos que nos ponen límites, la primera emoción que suele surgir es el miedo al rechazo. Ese miedo desaparece cuando nos amamos, cuando nos sentimos bien con nosotras mismas. Cuando entendemos que somos diferentes. La dependencia hacia esa otra persona se diluye y entendemos su necesidad de poner sus límites.

Al final, los límites equivalen al respeto: el respeto que sientes hacia ti misma y hacia los demás.

Amar sin consciencia de tu valor, de quién eres y de lo que mereces, significa vivir presa, complacer a otra persona, dejar de lado tus planes, renunciar a tus sueños. Vivir en el miedo a ser abandonada.

Amar sin consciencia es amar desde el ego, no desde el amor verdadero que habita en ti. Un amor verdadero que empieza por amarse a una misma.

Amar es un acto de libertad.

Si quieres mejorar tu autoestima para poder amar en libertad, reserva el curso Re-Creándome.

Deja una respuesta